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EL GRAN TEATRO DEL MUNDO

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En el año 2000 se cumple el cuarto centenario de Calderón de la Barca, de quien se dice que exceptuando a Shakeaspeare no hay dramaturgo comparable con él; sin duda es el más grande creador de autos sacramentales. Posiblemente el más conocido de sus autos sea “El Gran Teatro del Mundo”, cumbre del barroco europeo. Escrito por Calderón en torno a 1635, ya en su título, presenta varias interpretaciones. Por un lado es una clara alegoría de que el mundo es un teatro, concepción muy frecuente en nuestro Barroco: la sociedad es al mismo tiempo espectador y espectáculo -se representa a sí misma- y el juego sólo tiene sentido en cuanto actividad social.

Según Calderón, los autos sacramentales son “…sermones puestos en verso…”. El fin primordial del auto es la enseñanza y, en el caso de El Gran Teatro del mundo, el albedrío humano aparece como premisa fundamental: una serie de actuaciones posibles y representativas con relación a una norma, con sus correspondientes valoraciones y juicio.

Los personajes que aparecen en escena: Rey, Hermosura, Rico, Discreción, Niño, Labrador y Pobre no tienen ninguna relación entre sí, ni la clase inferior con la superior, pués cada uno de los personajes surge de la decisión del Autor, directamente, sin que haya ningún tipo de conexión entre los individuos ni, en consecuencia, entre las clases que representan: existen, sin más.
Niño es una edad; Hermosura, una cualidad física; Rico y Pobre son situaciones; Labrador es, además de una clase, una actividad perfectamente caracterizada; Rey es una actividad y una categoría; por último, Discreción es una facultad espiritual y estos personajes tendrán premio y castigo al final de su actuación- de su vida- tras el Juicio del Autor -Juicio final-tendrán que enfrentarse a las cuatro posibilidades que les dan premio y castigo: Infierno, Purgatorio, Gloria y Limbo.

La cuna y la sepultura, esa magistral síntesis del pensamiento barroco y que con mano maestra plasma Calderón, ¿está hoy en día tan lejos de nosotros?. ¿Solo es pura “metafísica” ?. Creo que no, o al menos yo no lo siento así. Ese paso veloz de la cuna a la sepultura y contra el que se revelan los personajes de la obra “Obrar bien que Dios es Dios”, que se representa en EL GRAN TEATRO DEL MUNDO, es fiel reflejo de lo que, por desgracia, hoy en día es la vida de la mayoría de los habitantes del planeta: un rapidísimo paso de la cuna a la sepultura. Y es muy significativo que el único personaje que al final no recibe como premio cenar con el autor sea el Rico.

Etelvino Vázquez

Etelvino Vázquez ha bebido en las fuentes de los clásicos desde sus comienzos teatrales, en el 68. A través de las escenificaciones, como director y actor de los grupos que ha ido creando a lo largo de todos estos años -Caterva, Margen y Teatro del Norte- ha abordado textos clásicos de Sófocles, Eurípides, Lope de Rueda, Cervantes, Zorrilla, Valle y Lorca

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