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In Memoriam

CARLOS INIESTA

El pasado día 16 de Enero resultó el más triste en los 25 años de Atalaya. Esa tarde dejó de existir Carlos Iniesta (Carolo), autor de las versiones de la Trilogía de las Heroínas de la Tragedia: Elektra, Medea (la extranjera) y Ariadna. Esta última se ha convertido en su obra póstuma. Sin estos espectáculos Atalaya estaría muy lejos de haber alcanzado el prestigio del que goza. Carlos introdujo a su hermano Ricardo -el director de Atalaya– en el teatro hace siete lustros. Ambos crearon el grupo universitario La Guadaña y eligieron la obra Los Caciques para desarrollar una labor de “teatro de agitprop” en los últimos tiempos del franquismo,  grupo teatral ligado a la Joven Guardia Roja y el PTE. Poco antes había sufrido un grave accidente que lo dejó para siempre en silla de ruedas. Durante muchos años ha sido mentor, maestro y colaborador de Atalaya.

Carlos mantuvo siempre un compromiso y una rebeldía contra las injusticias, que lo llevó en dos ocasiones a la cárcel. La primera vez en 1970, por participar en una manifestación antifranquista y la segunda en 1989, en plena operación “limpieza Expo92” cuando fue golpeado por la policía y tirado de su silla de ruedas por defender a una compañera, de la agresión de dichos “matones”. Nunca cedió un ápice en sus convicciones políticas, participando en todo tipo de manifestaciones y foros en defensa de las causas justas, tanto si se trataba de la lucha contra las barreras físicas que encuentran los discapacitados, como si se refería a la resistencia contra los muchos excesos del infame sistema capitalista en que vivimos.

Su labor como experto en la Tragedia Griega comezó en junio del 94 con la tesis doctoral de Filología Clásica “Del lenguaje subyacente en la Orestiada de Esquilo”. A partir de ese momento comenzó una creciente actividad de traducción, adaptación, cursos y conferencias, destacando las creaciones de la Trilogía  para Atalaya. Especialmente emotiva y multitudinaria resultaría la presentación -en junio de 2006- de su traducción y versión rítmica de “Ariadna”, obra de Marina Tstvietáieva. Este texto serviría de base para el texto que él pergenió -como le gustaba decir- para Atalaya. Aún más emotiva fue su despedida, en el cementerio de Sevilla, donde se leyeron algunos de los poemas de aquella obra poética y una emotiva carta publicada por “Público”, terminando el acto con el grito “¡Hasta la victoria siempre, Carolo! ¡Salud!” respondido por los presentes; asistieron más de un centenar de personas llegadas de diferentes ciudades del país, entre los que se encontraba una nutrida representación del teatro andaluz. Carolo era una persona muy especial, con un enorme carisma y muy querido por todos los que tuvimos la suerte de conocerlo.

El día 7 de junio tuvo lugar un acto de homenaje en su memoria en el Teatro Central de Sevilla, coincidiendo con el estreno de “Ariadna”. Al mismo asistió un centenar de amigos, familiares y profesionales del teatro. La crítica ha subrayado -de forma unánime- la excepcional calidad del texto.

Gracias, Carolopor Ricardo Iniesta

Réquiem por Carlos Iniesta (carta publicada el diario “Público”)

Artículos de Carlos Iniesta
Canal Sur y el “somero” Estatuto. ABC
Universidad antiminusválidos. El País
Acciones de quemar banderas. Conferencia. E-ZINE
Los ficheros de Franco siguen vivos. El País
¿Latín? Sí, gracias. El País (carta)
Alcance dramático de las imágenes poéticas en Esquilo. Artículo en pdf

Fotos
Carlos y Ricardo, 1958
San Sebastián (1979)
Carolo con el grupo Lejanía, 1980

Réquiem por Carlos Iniesta

No salen las estrellas a brillar. Se han recogido las lechuzas y Ariadna solloza bajo la sombra de la luna. Por la Sevilla de los rincones, tu voz resuena fértil en los oídos de las gentes buenas que aprenden de tus razones. Tu mirada quieta, expectante, se adelantaba siempre a la palabra certera llena de reflexión, rebeldía y ternura. Tu carcajada franca, como un bucle en el tiempo, rebaña aún los presentes, los pasados y las infinitas mañanas que siempre supiste tocar con tus dedos. Porque nunca estabas fuera, siempre estuviste dentro, a la sombra del Vizcaíno, la Alameda, y el mercado de tu calle Feria. Sacaste la memoria de Marina, nos diste, como se dan los buenos, por entero. Y siempre alerta para infundir ánimos en la cotidianeidad que condujiste con tesón y sin tregua en tus ruedas de metal. Nunca en la vida te olvidaremos.

Agustín Coca Pérez. Sevilla

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